El susto de la opera

El susto de la opera de Paris

Era una tarde lluviosa en París.  Los 3 tenores se encontraban en plena preparación para un concierto especial en la ópera de Ganier. Durante uno de los ensayos generales, el ambiente era relajado, pero con esa tensión suave que siempre acompaña las grandes funciones. Había músicos afinando, técnicos caminando por el escenario con cableado, y un ligero murmullo de expectativa flotando en el aire.

José Carrera tenía una entrada en una parte delicada del área “Una furtiva lágrima”, que estaba ensayando como solo. Todo iba bien hasta que, de pronto, entró unas medidas antes de tiempo, provocando una mini-catástrofe musical. El director de orquesta paró, los músicos se miraron entre sí con cara de ¿y ahora qué?, y Carrera quedó congelado con la partitura en la mano.

Desde una esquina del escenario, Luciano Pavarotti, que está observando todo mientras comía discretamente una mandarina (que guardaba siempre en una servilleta blanca), levantó la voz con su característico tono burlón pero afectuoso:

-¡Ma che fai, José!, ¿estás cantando en la ópera equivocada?  

Se hizo un silencio…. y luego todo el equipo, incluido músicos, coristas y tramoyistas, estallo en carcajadas. Carrera rojo como un tomate, pero con su elegante intacta, hizo una profunda reverencia en dirección a Pavarotti y respondió con dramatismo:

-Perdón, maestro……  ¡quise regalarle un adelanto exclusivo!