Vénes Blauggi: cantar para salir de la espiral

La música coral también tiene sus prolongaciones. A veces, quienes comparten un mismo escenario colectivo encuentran en otros formatos la posibilidad de explorar una voz más íntima, un repertorio propio y una manera distinta de relacionarse con el arte. Eso fue exactamente lo que ocurrió en el Teatro del Centro Cívico Can Deu la tarde del viernes 24 de julio. Nuestra compañera Gisel Granado presentó su primer concierto solista bajo su identidad artística, Vénes Blauggi, en una velada titulada Canvi d’Estació.

Lejos de estar sola, estuvo arropada por tres músicos profundamente vinculados a nuestra coral: Luis Eduardo Galián en la guitarra (@luti57), Miguel Ángel Galián en la percusión (@miguelgalian.exe) y Matías Ruiz en la flauta (@matiasjflute).  Ella misma asumió el acompañamiento con el cuatro, instrumento que desde el primer acorde fijó una raíz sonora indiscutible. Sobre esa base, el conjunto se entretejió sin fricciones entre la canción, la confesión íntima y la reflexión social.

Es fascinante notar que el concierto no fue una simple sucesión de canciones, sino un viaje conceptual estructurado a través de un relato hablado tan revelador como la música misma. La velada abrió desde un lugar de extrema sensibilidad. Frente al dolor y la incertidumbre que atraviesa Venezuela, Vénes prefirió esquivar el habitual minuto de silencio, —»se me da mal el silencio», confesó— para entregar una plegaria cantada a quienes han partido en medio de la tragedia del país.

A partir de ahí, el repertorio avanzó desnudando las contradicciones de la migración. Con «Mientras tanto», flotaron en el aire las dudas compartidas por toda una generación que se debate entre el partir o el quedarse. Uno de los puntos álgidos de la tarde llegó con «La espiral». La canción, de estructura circular, tradujo musicalmente esa sensación claustrofóbica de intentar alejarse de un núcleo conflictivo solo para descubrir que se sigue girando en torno a él.

La artista aprovechó una pausa para explicar la arquitectura de su nombre artístico: Ven de Venezuela, blau, azul en catalán y ggi por sus iniciales. Vénes Blauggi es una identidad nacida de su raíz, su proceso migrante y del azul que sostiene su trabajo creativo.

Ese viaje continuó con «Canvi d’Estació» la canción que da título al proyecto profundizó esa identidad suspendida entre dos mundos, mientras «Vete pa’ tu casa» giró hacia un «autorregaño» musical para espabilar y entender que el nuevo hogar no se encuentra hecho, sino que se construye día a día

Después, el concierto transitó con madurez hacia lo político y lo afectivo sin perder el hilo. Una reflexión sobre los colores de la bandera venezolana, resignificados por la polarización, dio paso a «Sal y Agua», «Eres la Caña» y «Eres Mujer», que ampliaron el registro hacia el amor, la memoria y las mujeres que dejan huella: Vénes Blauggi domina el tránsito de la sombra a la luz con un oficio que no se aprende solo en un estudio de grabación.

El cierre definitivo llegó de la mano de «El sueño del libertador» y «Cárcel realista». Esta última pieza dejó una vibración profunda en el teatro al reflexionar sobre las prisiones modernas sin barrotes: las pantallas que nos adormecen, las rutinas alienantes y los trabajos, como los meses que pasó de teleoperadora, que nos obligan a olvidar lo que verdaderamente deseamos.

Vénes confesó hacia el final que, durante un tiempo, el peso del día a día le había hecho olvidar que quería cantar y componer. Afortunadamente, la música la volvió a rodear de gente buena para recordarle su propósito de vida: compartir el don.

Para quienes compartimos con ella el espacio en la coral, la noche nos dejó una gran lección. Sabemos perfectamente que una voz gana una dimensión monumental cuando se funde con las demás en el unísono colectivo. Sin embargo, la presentación de Vénes Blauggi nos demostró que detrás de cada fila de nuestra coral existe una historia singular e imprescindible que merece su propio escenario. Cuando una de nuestras voces vuela libre, todo el coro se eleva con ella.

Al final de la velada en Can Deu, Vénes Blauggi no solo ofreció un recital; consolidó el inicio de una etapa artística más honesta, firme y definida. En un escenario desnudo y despojado de artificios, la distancia corta no dejó lugar donde esconderse: allí su voz, cargada de matices y precisión, transformó la nostalgia y las cicatrices de la memoria en un abrazo de resonancia colectiva. Al transitar con valentía desde la plegaria íntima y la reconstrucción personal hasta la reivindicación de sus raíces, borró los límites entre el concierto y la vivencia pura, demostrando que la verdad escrita con la propia vida toca las fibras más profundas del alma. En un momento histórico dominado por la prisa digital y la inmediatez de las redes, su entrega se erigió como una conmovedora cátedra de memoria y arraigo. Al atenuarse los últimos aplausos, el público no celebraba únicamente a una gran voz, sino el florecer definitivo de una identidad artística madura que ha sabido convertir el dolor de la nostalgia y la vida misma en una obra de arte inolvidable

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